
La Copa del Mundo de 1970 en México generó una gran preocupación entre las selecciones participantes debido a las elevadas altitudes y las altas temperaturas. Las autoridades búlgaras, por ejemplo, trasladaron a su equipo al sur de Sofía para entrenar en altura, una medida que no tuvo el efecto deseado. A pesar de buscar la aclimatación, la temperatura en las montañas Pirin, donde se prepararon, estaba cerca del punto de congelación, muy diferente a los 20 grados centígrados de México.
Para simular el calor intenso, el equipo búlgaro entrenó restringiendo la ingesta de agua para que los jugadores se acostumbraran a la deshidratación. Sin embargo, esta estrategia no fue exitosa. Bulgaria perdió sus dos primeros partidos del Mundial de 1970 y ya estaba eliminada antes de empatar con Marruecos. Según The Guardian, las preparaciones para el actual mundial serán más sofisticadas que hace 56 años.
En 1970, la mayoría de los países consideraban que el entrenamiento en altitud era la forma lógica de prepararse para jugar en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Israel viajó a Etiopía y Colorado para sus sesiones de preparación, mientras que Uruguay jugó partidos de práctica en Quito y Bogotá. El anfitrión, México, llevó a cabo una concentración de cinco meses que incluyó 13 partidos amistosos en cuatro meses, antes de enfrentarse en dos ocasiones al equipo escocés Dundee United.
Los ejemplos del Mundial de 1970 subrayan que la preparación en un torneo de esta magnitud es compleja y no siempre garantiza el éxito. Los diversos enfoques de las selecciones de hace más de medio siglo sirven como un recordatorio de la constante evolución en las metodologías de entrenamiento y la importancia de adaptar las estrategias a las condiciones específicas de cada competición mundialista.
Información basada en The Guardian. Redacción cuotazo.


