
El Mundial de México 1970 puso a prueba a las selecciones nacionales mucho antes del pitido inicial. Con preocupaciones sobre la altitud y las altas temperaturas, diversos equipos implementaron estrategias de preparación singulares, según The Guardian. Estas incluyeron desde campamentos en altura hasta restrictivos planes de hidratación, buscando replicar las exigentes condiciones que enfrentarían en ciudades como Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
Un ejemplo notorio fue la selección de Bulgaria, que se trasladó al sur de Sofía, a las montañas Pirin, para aclimatarse a la altitud. Sin embargo, un detalle crucial fue pasado por alto: las temperaturas gélidas de los Pirineos contrastaban drásticamente con el clima cálido de México. Para compensar, los preparadores búlgaros limitaron la ingesta de agua de los jugadores, con la intención de que se acostumbraran a competir deshidratados.
Los resultados de esta estrategia no fueron los esperados. Bulgaria perdió sus dos primeros partidos en el torneo y ya estaba eliminada cuando logró un empate contra Marruecos. Este caso ilustra cómo una preparación aparentemente lógica puede fallar si no se consideran todos los factores contextuales.
Otras selecciones también buscaron adaptarse a la altitud. Israel viajó a Etiopía y Colorado, mientras que Uruguay se preparó en Quito y Bogotá. La propia selección mexicana llevó a cabo un campamento de cinco meses, que incluyó 13 partidos amistosos en cuatro meses, complementados con dos encuentros contra el Dundee United de Escocia. Estas experiencias históricas demuestran cómo la anticipación a las condiciones del torneo ha sido una constante en la historia de los Mundiales, aunque no siempre con los desenlaces esperados.
Información basada en The Guardian. Redacción cuotazo.


