
A pocos días del inicio del Mundial 2026, México, como anfitrión conjunto, afronta una realidad compleja. A pesar de la omnipresencia publicitaria de figuras como Hugo Sánchez, Raúl Jiménez y Alexis Vega, el fervor por el torneo no alcanza niveles de euforia, según observaciones de *The Guardian* desde Ciudad de México.
El aeropuerto internacional de la capital mexicana da cuenta de la inminencia del campeonato, con señalética de la FIFA que incluso obstaculiza la vista de ciertos procedimientos migratorios. Sin embargo, la rutina cotidiana se mezcla con anuncios de fútbol, mientras mujeres venden camisetas falsificadas de la selección entre el tráfico interminable, agravado por incidentes como una huelga de maestros y protestas callejeras. Esta coexistencia de lo futbolístico con el día a día, más que una euforia pre-Mundial, sugiere una atmósfera de expectativa contenida.

En barrios como Coyoacán, los murales recientes con motivos futbolísticos se entrelazan con la historia cultural, aunque el entusiasmo manifestado por meseros y taxistas al encontrarse con viajeros que asistirán al Mundial indica que aún no hay una gran afluencia de visitantes. Los ciudadanos, según *The Guardian*, expresan una cautela sobre las posibilidades de su selección y perciben el evento como un acontecimiento secundario, en un contexto ya marcado por la política internacional.
El icónico Estadio Azteca, sede de las finales mundialistas de 1970 y 1986, será el escenario del partido inaugural el 11 de junio, dando inicio al torneo. Este hito histórico para el fútbol mexicano contrasta con el ambiente actual, donde la esperanza se cierne sobre la posibilidad de que el Mundial logre superar las complejidades y el escepticismo que preceden a su inauguración, permitiendo que la pasión por el deporte tome el protagonismo.
Información basada en The Guardian. Redacción cuotazo.



