
Columbus, Ohio, se prepara para acoger a un nuevo equipo de expansión de la National Women's Soccer League (NWSL), pero la inversión de 205 millones de dólares ha desatado un debate sobre la financiación pública y la colaboración entre el sector público y privado en el deporte. Este nuevo equipo representa un paso significativo en el rápido crecimiento de la liga, aunque las tensiones por los costos y las instalaciones son evidentes, según The Guardian.
La ciudad de Columbus ya tiene experiencia en la lucha por sus equipos deportivos. Emily Kegg, directora de comunidad de Nordecke, un grupo de aficionados del Columbus Crew de casi 600 miembros, lo sabe bien. Su conexión con el equipo se fortaleció en 2017 cuando la directiva y la Major League Soccer (MLS) amenazaron con reubicar al Crew en Texas. Kegg y su familia se unieron al movimiento de base "Save the Crew", creando lazos con otros aficionados unidos por el amor al fútbol.
En 2018, un nuevo grupo propietario adquirió el Crew, asegurando su permanencia en Columbus. Kegg, que permaneció activa en la comunidad de aficionados, ahora observa cómo la llegada del equipo de la NWSL, avaluado en 205 millones de dólares, genera cuestionamientos. Este desembolso millonario para una franquicia de expansión, aunque celebra el crecimiento del fútbol femenino, pone de manifiesto los desafíos de las alianzas público-privadas en el deporte estadounidense.
La situación en Columbus ilustra un patrón común en el deporte profesional, donde la inversión pública en estadios y otras infraestructuras a menudo se justifica por un supuesto beneficio económico que no siempre se materializa. La controversia en torno a este nuevo equipo de la NWSL subraya la importancia de un análisis exhaustivo sobre cómo se distribuyen los fondos y quién asume los riesgos en este tipo de proyectos de expansión deportiva, especialmente en ligas con un crecimiento tan acelerado como la NWSL.
Información basada en The Guardian. Redacción cuotazo.


